martes, 27 de diciembre de 2011

Espero curarme de ti.

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de beberte y de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad. 

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se pueden reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa  hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están están entre dos gentes que no se dicen nada. 

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y  subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: “qué calor hace”, “dame agua”, “¿sabes manejar?,”se hizo de noche”… Entre  las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he  dicho “ya es tarde”, y tú sabías que decía “te quiero”.) 

Una semana más para reunir todo el amor del  tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No  sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para  entender las cosas. Porque esto es muy parecido a  estar saliendo de un manicomio para entrar a un  panteón.