lunes, 26 de diciembre de 2011

Me levanto con ganas de acostarme.

Y así han sido estos últimos meses. Tristes, aburridos y repetitivos. Con un cuerpo que se cubre en una cobija que le regalaron en uno de sus cumpleaños. Que saca apenas una mano para halar una de las cortinas y cubrir esos 5 cm que la separa de la otra, a las once de la mañana, con la esperanza de que todo esté tan oscuro como cuando se acostó. Luego con la almohada sobre la cabeza; no hay nada que hacer, el día comenzó. Que no quiera ver lo que está pasando no va a hacer que desaparezca.